Los evangélico y el carnaval

Los evangélico y el carnaval Los evangélico y el carnaval
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Para esta fecha de febrero comunidades, pueblos y barrios están celebrando el carnaval en la Republica Dominicana, una fiesta pagana de origen religioso que nos llegó con los colonizadores y que tradicionalmente ha formado parte de la cultura popular de nuestro pueblo.

Nosotros, los cristianos evangélicos no participamos ni celebramos el carnaval. Lo vemos como algo grotesco y lo consideramos incompatible con nuestras creencias, pero eso no les quita a otros el derecho de participar y celebrar lo que entienden no va en contra de sus conciencias.

Tenemos pleno derecho de expresar nuestro desacuerdo con estas celebraciones que, cuando le pasamos balance, dejan muy poco provecho al avance y desarrollo de nuestro pueblo. Sin embargo, las normas de respeto y convivencia establecen claro que nosotros los evangélicos no podemos poner ningún obstáculo ni emprender ninguna acción con la finalidad de que estas celebraciones no se realicen.

Carnaval

Cualquier forma o manifestación de intolerancia a creencias y prácticas con las que no estamos de acuerdo, es inapropiada. Si hoy los evangélicos nos sentimos ser fuertes y tener un peso numérico y social respetable, eso no nos da derecho para ser intolerantes. La fuerza y el poder históricamente, cuando no se saben canalizar, degeneran en atropello y desconocimiento del derecho de los demás. Impedir que otros participen y celebren en lo que creen no es nuestra misión como iglesia.

No estoy de acuerdo con el carnaval, como no estoy de acuerdo con las borracheras, las orgías, la desenfrenada seducción publicitaria de los medios y otras manifestaciones contrarias a la afirmación de la vida humana y su dignidad, pero creo que la mejor forma de oponerse a eso es aprovechar este clima de pluralidad y tolerancia –y con amor– y en el poder del Espíritu Santo proclamar a Jesucristo y con autoridad y fervor promover su Reino.

Cualquier esfuerzo que como evangélicos emprendamos para impedir una celebración que pertenece al sentir cultural del pueblo dominicano, es intolerancia, que no es otra cosa que la indisposición para no soportar las opiniones y creencias de los otros, bien sea en el ámbito político, religioso, cultural o racial, etc., lo que va en desmedro de una buena convivencia entre las personas.

A nosotros los creyentes y seguidores de Jesús, nadie nos puede impedir que prediquemos el evangelio, así como nosotros no podemos impedirle a nadie que celebre y promueva lo que cree. Nuestra misión no es impedir creencias, por tenebrosas y absurdas que nos parezcan, nuestra misión no es gritarles a las tinieblas que no nos gustan, que no las queremos, nuestra misión es alumbrar con la luz del Evangelio. Nuestra misión no puede limitarse a condenar las culturas contrarias al evangelio, sino en redimirlas para Jesucristo.

Lo mejor que como evangélicos podemos hacer contra el carnaval es predicar a Jesucristo siempre. Derrotemos el carnaval, no con actitudes intolerantes, sino con la proclamación de Jesucristo como Rey y Señor de la República Dominicana. En el poder del Espíritu. ¡Podemos!

Periodista: Tomas Gomez Bueno

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